“Tu guardián celestial”
Me encuentro en una situación muy peculiar, básicamente me encuentro en el cielo, es difícil comprender y acostumbrarse a estar muerto. Luego de ver la luz radiante, hay un instante casi inentendible donde tu alma deja para siempre tu cuerpo, sin embargo, uno sigue consciente de lo que sucede, solo que se empieza a sentir de otra forma.
Ya en Tierra no eres nadie, pero el alma, la esencia de cada uno sigue intacta.
Acorde van pasando los minutos y te vas dando cuenta que ya no podrás volver a interactuar con tus seres queridos y esa es una de las principales causas de angustia que se siente al perder la vida.
En la atmósfera donde me encuentro ahora, es en donde comienzo a darme cuenta las cosas pendientes y los vacíos que dejamos al partir. Son muy pocos aquellos capaces de hacerle frente al dolor, todos somos conscientes de que tendremos que convivir con esta desolación eternamente.
Todo el tiempo no dejo de pensar en que debí haber valorado todo lo que tenía cuando tuve la oportunidad, pero claro, no creía posible que en un abrir y cerrar de ojos, todo aquello que obtuve a lo largo mi vida, lo iba a perder todo.
Yo era el típico muchacho que deseaba la perfección, pretendía una vida ejemplar, con un trabajo decente y una familia perfecta. Me casé. y fui feliz un tiempo. La mayor parte de mi tiempo lo transcurría en el trabajo, dejando en un segundo plano mis cosas más importantes como la familia.
En definitiva, la llegada de nuestro hijo significó un gran cambio, con el nacimiento de Matías me di cuenta de que no valía la pena pasarla buscando una vida de pura excelencia, sin dudas él fue mi cable a tierra.
Respecto a mi muerte, cada vez que recuerdo el accidente, me replanteo una y mil veces que de haber sido más prudente hubiese podido evitarla.
Era una terrible noche de tormenta, el cielo se caía a pedazos, las ráfagas impotentes de vientos levantaban todo a su paso, los truenos eran escandalosos y los relámpagos iluminaban por segundos la densa oscuridad. Me encontraba en mi oficina, porque las cuentas no me cerraban y me quede solitario en ella, ya mis compañeros estaban emprendiendo su vuelta a casa, mientras yo estaba saturado de números.
Las intensas gotas comenzaban a impacientarse, el ruido de estas entorpecía mi concentración. Me comenze a impacientar, y decidí ir a tomar un breve descanso a la terraza bajo la lluvia. Lo último que recuerdo es acceder a la azotea y que entre tanto estrés y locura, mi mareo comenzó a aumentar, como consecuencia mi pie derrapó por uno de los laterales del precipicio y ya nada fue lo mismo, mi cuerpo impactó contra el pavimento de la Avenida Cabildo.
Cuando partí, nuestro hijo tenía tan solo seis años. Desde ese día María ha tenido que cargar el peso de criarlo por su propia cuenta. Me angustia tener que observar cómo se sobreexplota diariamente y no poder hacer nada al respecto. En cuanto a Matías, me encantaría poder abrazarlo, cargarlo a los hombros y poder decirle lo mucho que lo quiero.
Pero un día, algo sumamente extraño llamó mi atención. Quede completamente sorprendido al ver a un sujeto ingresando a la casa en la que solía vivir. El hombre llevaba el rostro cubierto, por lo tanto, no pude diferenciar su cara.
Yo tenía sabido que a esa hora María se encontraba trabajando, por ende, el único presente en la vivienda era nuestro hijo, el cual estaba durmiendo.
Sentí algo helado en todo mi espiritual cuerpo al advertir que se dirigía al dormitorio de Matías. Sabía muy bien que algo malo iba a suceder.
El bandido entró sigilosamente en su cuarto, y bruscamente le tapó la boca para que no gritara.
Por mi parte, no podía creer lo que estaba sucediendo, sentía mucha impotencia de no poder hacer nada al respecto, y comencé a desear con todas mis fuerzas estar vivo de nuevo y volver a morir si era necesario para evitar que le hicieran daño a mi niño. Lo deseé de tal manera, con tanta furia, que volví a la vida; volví a tener hueso, musculación, movilidad, volví a ser el mismo de antes.
Aparecí a la par de aquel sujeto que se llevaba a Mati en brazos. No tuve tiempo para pensar en nada, lo único que quería era quitarle al secuestrador a mi hijo.
Me eche encima del hombre, consiguiendo que libere a Matías. Luego, con toda mi fuerza lo sujeté por el cuello, hasta lograr asfixiarlo.
Mi hijo no comprendía nada de lo que ocurría, esta desconcertado. Al reconocer que había sido yo el que lo salvó, me abrazó como nunca lo había hecho. Luego de eso, volví a partir hacia el lugar donde pertenezco, el cielo.
Posteriormente a todo lo sucedido, nadie lograba explicarse cómo fue que Matías logró reducir al secuestrador, como era de esperar, nadie le creyó que fui yo quien lo defendió, su propio padre, un muerto.
Todavía no entiendo bien cómo funciona el mundo de los muertos, pero me tranquiliza saber que estaré con él cuando me necesite, siempre.

Si bien la historia es clara, no lográs construir un encadenamiento de los hechos que conmueva: hay datos innecesarios o que se pueden prever y el accionar del protagonista cuando sufre el accidente es poco creíble (el cielo se caía a pedazos y el protagonista se toma un descanso en la terraza bajo la lluvia). Además, el relato contiene muchos errores de expresión, esto distancia al lector de cualquier posibilidad de conmoverse con lo que sucede.
ResponderEliminar¿A quién o para qué cuenta su historia? Cuesta aceptar su relato dada la situación en la que está.
Hay una intención de romper el tiempo lineal, pero no está logrado, ya que el pasado ingresa como recuerdos del protagonista que quedan en su mente. Aún queda pendiente comprender y poner en uso el discurso literario.
Revisar construcción de oraciones, tiempos verbales, preposiciones, pronombres relativos, gerundios, puntuación y párrafo, ortografía, expresiones y vocabulario.
El modo de leer impuesto por cómo se ha editado el texto molesta y distrae.
Repensar el título.
Nota: 5+