Siniestra realidad
“Un juguete es uno de
los primeros elementos que hacen que el ser humano se conecte con varias
realidades. Para un niño es mucho más que un simple objeto y se puede convertir
en una fuente de valores con importantes mensajes. Tiene un potencial muy
grande relacionado al desarrollo de habilidades”- le dijo el psicólogo el
primer día que la vio.
La ventana que rodeaba la habitación era tan diáfana que sin
esfuerzo alguno, podía observar y analizar cada gesto que realizaba Chloe. Ella
estaba completamente dormida, pero sólo un mínimo movimiento de esos cables que
la conectaban bastaba para que sus pestañas se abran de inmediato. Yo lo sabía,
la conocía como nadie desde que me dieron el caso. Podía adivinar su frecuencia
cardíaca con los ojos cerrados. De todas maneras eso nadie lo sabía, para todos
era el hombre de traje oscuro, con un cuaderno bajo el brazo, que miraba
constantemente detrás de la sala.
Claudia, su madre, no podía creer lo que pasaba. Ya era
tarde, no podía cambiar el pasado, el reloj parecía estar acelerado para ella.
Sus ojeras eran cada vez más grandes y la preocupación aumentaba. Sabía que
todo esto era su culpa, sus decisiones habían sido clave.
Por enésima vez, los médicos se acercaron a dar una nueva
noticia. Las últimas cinco fueron malas. Claudia no quería seguir escuchando,
así que solo corrió al baño y se largó a llorar. La seguí, esa era mi tarea.
Desde que su esposo había fallecido, ella cargaba con todos los problemas.
La decisión desencadenante había ocurrido 14 años atrás,
cuando Chloe tenía apenas cuatro años. El hecho de ser hija única había
multiplicado la necesidad de sentir compañía, pero sabía que las posibilidades
de tener un hermano eran muy bajas. Su padre estaba muy enfermo y su madre tuvo
una complicación en el embarazo que le impedía volver a tener un hijo.
Especialistas le ofrecieron una nueva propuesta que
consistía en la introducción de un dispositivo en el músculo espinal de Chloe.
Con él se lograba un aumento de la imaginación durante el momento del juego, de
esta manera, la interacción con muñecos y juguetes se hacía más amena,
divertida y feliz.
Fueron interminables esas noches, Claudia lo recuerda
siempre, con más razón en estos tiempos, a lo único que se acostumbraba era a
ver a su hija llorando mirando la luna, pensando y preguntándose por qué tenía
que ir tantas veces al hospital. Sí, Chloe iba tantas veces que ya tenía su
silla preferida en la sala de espera. El implemento de este sistema requería
muchas evaluaciones, muchos estudios, había que dedicarle muchas horas a la investigación
y ni hablar de los estudios de prueba. Fueron los meses más largos para la
familia, pero los especialistas le garantizaban una vida y un desarrollo feliz.
Por un lado también pudo mantener distraída a la niña de la cantidad de
problemas familiares que iban presentándose, la enfermedad de su padre era algo
de lo que la mamá quería excluirla. Ambos estaban convencidos de que querían lo
mejor y harían cualquier cosa por ver contenta a la pequeña.
Pasaron los momentos más difíciles, pero luego los
resultados comenzaron a aparecer. La habitación con paredes rosas estuvo
repleta de juguetes de todo tipo, cualquiera que a un niño se le pueda ocurrir.
Aquí es donde comienza a tomar forma el tratamiento. Los ojos amplios y llenos
de luz de Chloe tenían la capacidad de transformar la enorme cantidad de
bártulos en animales y personas reales. El nivel de imaginación sobrepasaba los
límites a los que ella estaba acostumbrada.
Los años pasaban y llegó el día en el que había que crecer,
madurar y mirar fuera de la casa de ensueño. Chloe ya tenía 16 años, la
suficiente edad como para empezar a cuestionarse ciertas cosas. Trataba de
entender por qué vivían tantos seres vivos en su casa. Fue por eso que decidió
comenzar a independizarse. El proceso fue lento, tan lento como la adaptación al
tratamiento. Los primeros pasos giraban en torno a la aceptación de
responsabilidades, como lo era volverse sola de la escuela, quedarse en casa de
amigos, ir a fiestas los fines de semana. Pero algo le seguía haciendo ruido,
era lo mismo de siempre, ya no podía ignorarlo.
Una mañana fría de julio, le toco ir sola por primera vez a
hacer un control médico. Se despertó, se dio un baño, desayunó de manera un
poco acelerada, porque todavía no sabía controlar los tiempos. De estas tareas
solía encargarse su madre hasta hacía unas semanas atrás. Terminó de
prepararse, agarró los papeles necesarios y se subió a un taxi. Pronto estuvo
sentada en su silla favorita de la sala de espera.
“Morgan Chloe”, la llamó el doctor de turno. Ella se despegó
del asiento de un salto e ingreso al consultorio. El médico la atosigó con preguntas
que no sabía responder. Estaba completamente pérdida, totalmente desesperada, no
entendía qué estaba pasando, quiso agarrar el teléfono celular para llamar a su
madre, pero al instante cayó desplomada al suelo. Su cabeza impactó contra la
camilla generando un golpe terrible, la pérdida del conocimiento estaba
asegurada.
Sigo viéndola con los mismos ojos, exactamente igual a como
la vi ese día, solo que ahora mi mirada atraviesa los vidrios de su habitación.

Es evidente el intento de construir un relato que fuera más allá de lo literal e involucrara al lector de manera activa. Sin embargo, por errores de expresión, contradicciones y sobreentendidos pierde verosimilitud en algunos pasajes y al final.
ResponderEliminarAsí, no queda clara o es confusa la relación entre el tratamiento al que fue expuesta y el motivo de la caída que le provoca la pérdida de conocimiento y posterior estado ¿vegetativo? por dos años (tiene 16 cuando cae y pierde el conocimiento, y “la decisión desencadenante” (tratamiento) fue tomada cuando ella tenía 4. Desde ese momento al presente del relato habían transcurrido 14 años, o sea, Chloe tiene 18). ¿Es la desesperación por no tener respuestas a las preguntas del médico? ¿Las preguntas tienen que ver con el tratamiento?
En el contexto del relato, parece difícil que a los 4 años pudiera “saber” que las “posibilidades de tener una hermano eran muy bajas” porque su padre estaba muy enfermo (situación que la madre le ocultaba: “… la enfermedad de su padre era algo de lo que la mamá quería excluirla”) y porque la madre tuvo una complicación en el embarazo que le impedía volver a tener un hijo.
El extrañamiento y la verosimilitud logrados en algunos pasajes se pierden en otros. Bien construidas las rupturas del tiempo lineal.
Rever tiempos verbales, preposiciones, puntuación, ortografía.
Repensar el título.
Nota: 7