sábado, 10 de noviembre de 2018

Pequeños audazes - Juan Ventola

Caminaban por la calle Bagley st en El Barrio de Detroit, ciudad de Nueva York. Una tarde de abril del año 2005 el pequeño Nasim de 13 años de edad salía de su humilde hogar junto a su padre mientras le insistía para que le compre una pelota de baloncesto observo que este se queda tildado observando unas zapatillas colgadas en un cable de electricidad en lo alto de la cuadra frente a su casa. El pequeño nasim ya había observado a varias personas del barrio deteniéndose a observar y hasta rezarle a esas zapatillas en especial, le pareció raro ya que había zapatillas en todas las cuadras pero porque la gente observada esas en particular. Le pregunto al padre que importancia tenían esas zapatillas. Su padre tras un denso suspiro y con los ojos húmedos le contesta que las zapatillas son las reebook classic FTW año 1990 de Lawrence mc Dylan, un viejo vecino suyo que vivía frente a su casa, la misma que habita actualmente, con el que compartió su educación primaria. Las personas se detenían a presenciar las zapatillas de Lawrence ya que el había sido un músico muy reconocido por la gente de los suburbios de Estados Unidos por su obra que trataba acerca de lo que sucedía en las zonas mas marginadas y su densa critica hacia la sociedad, su nombre artístico era Law MCD y sus admiradores lo recuerdan como “la voz del barrio”, logro llenar conciertos multitudinarios y atraer la atención de muchas personas. El 24 de noviembre del 1992 Lawrence fue asesinado en un homicidio anónimo  y misterioso en las afuera de la ciudad la justicia determino que fue un suicidio.


Nasim comenzó a escuchar sus canciones y por ende a reflexionar eso lo llevo hacia lugares muy profundos, se identifico mucho con las barras que Law plasmaba en sus letras esto se lo transmitió a su amigo Andrew con el que compartió toda su infancia y adolescencia, con el pasaban horas escuchando Law y jugando al baloncesto. Una noche, volviendo del club donde solía ir a bailar, antes de entrar a su casa se Nasim se quedo mirando esas tan apreciadas zapatillas, bajo el efecto del alcohol cuando de repente le surgió la idea de probarse las zapatillas de Lawrence, Andrew le alcanzo una escalera, Nasim subió y las desata. Al probárselas siente como una piedra molestándole, se fija bien y bajo de la plantilla había una gema muy brillante y ostentosa acompañada de una carta titulada ¨Los del ojo amplio¨ esta carta habla acerca de una secta oculta de personas que poseen un ojo  extra en alguna parte de su organismo que ademas y rigen cierto poder sobre la sociedad, estos son los que están encima de la prensa de la publicidad de las empresas, incluso encima del gobierno dice que son mas que humanos son seres superiores con el fin de dominar el mundo. En la carta también se menciona la gema, esta gema con tendencia de rubí es una piedra astral que junto a otras 2 forma una corriente energética que cede un poder místico en las personas de ojo amplio lo cual es un peligro para la humanidad al final de la carta dice ¨espero que el destino no me haya jugado en contra y esta gema este en buenas manos, en caso de ser así manténganla bajo secreto y piense bien que hacer con ella para que los enemigos de la libertad no tomen el control. Los del ojo amplio me quieren matar probablemente lo harán ya me balearon en reiteradas ocaciones no aguanto la persecución que se ejerce sobre mi, mis pierna derecha y mi brazo izquierdo perdieron movilidad, mis fuerzas se deterioran por lo tanto me iré fuera de la ciudad a morir en paz¨.


Nasim y Andrew impactados con lo que se encontraron guardaron la gema en una caja en la casa de Nasim y este aprovecho la carta para empezar a componer canciones sobre las instrumentales que componía Andrew hablando sobre la sociedad y hechando la culpa de todo a unas personas de incógnita presencia. Al cabo de tres años Nasim genero mucho éxito con sus canciones, logro llenar conciertos y conseguir la atención de miles de personas, era como la reencarnación de Lawrence. El 22 de Septiembre de 2009 se realizaba la entrega de los premios anuales de música mas importantes del mundo, dominado por su ego y su estética decide colocarse la gema como anillo. Al finalizar la entrega Nasim y Andrew se dirigían hacia su auto cuando un Cadillac negro los intercepta, baja la ventanilla y dispara dos balas una a la rodilla de cada uno, acto seguido los subieron al auto y los trasladaron a un antro  donde habitaban al rededor de 100 personas vestidas de traje y gorro. Estas personas eran la secta que Lawrence tanto mencionaba, en el fondo del antro golpearon a Andrew y a Nasim, Andrew consumido por la furia soltaba un insulto tras otro hasta que fue baleado por el seguridad de la secta nuevamente y dejado en el piso fingiendo su muerte, mientras que a nasim lo hicieron sentarse en una silla a presenciar una ceremonia. Mientras el Supremo ojo amplio decía unas palabras en referencia a la corriente energética que estaban por obtener, Andrew logra pararse y ahorca sigilosamente al miembro que debía observarlo y quintándoles ya que este se encontraba distraído por las palabras del supremo. Finalmente algunos miembros de la secta se dirigen hacia el frente para realizar la junta de las 3 gemas, Andrew se camufla entre ellos, al realizarse el choque de las tres gemas se empieza a desprender un humo de colores y antes de que pueda hacer tacto con el supremo Andrew lo empuja y es el primero en hacer contacto con la energía. Comenzó a sentir euforia y se hacia cada vez mas grande, luego empieza a flotar levemente. Al mismo tiempo ve como algunos miembros de las secta matan a su amigo Nasir por la confidencialidad de lo que estaba presenciando, por lo tanto Andrew comienza a realizar una masacre matando a todos los hombres de esta secta. Al terminar la masacre agarra las zapatillas de Nasir colgándolas a lado de donde se encontraban las zapatillas de Lawrence dejando bajo su suela una carta con todo lo que había sucedido esa noche, también deja la carta de Lawrence en sus zapatillas. Acto seguido Andrew se suicida para evitar poner en peligro a la humanidad. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

"El joker", Francesca Ieraci


EL JOKER



Un sábado por la noche, hacia finales de noviembre, me hallaba solo en casa con Sol. Yo estaba sentado en el sillón junto a la ventana, ella junto a la mesa del comedor haciendo un solitario, últimamente no paraba de hacer solitarios, yo no sabía por qué, pensaba que quizá tenía miedo de algo. Hace mucho calor, dijo Sol, podrías abrir un poco la ventana. Estaba de acuerdo en que hacía algo de calor, y como afuera no hacía demasiado frío, abrí la ventana. Daba al jardín de atrás y a un pequeño bosque. Me quedé de pie un rato escuchando el suave rumor de la lluvia. Tal vez fuera esa la razón, la suave lluvia y el silencio, lo cierto es que ocurrió lo que ocurre de vez en cuando: se te viene encima un gran vacío, es como si la misma falta de sentido de la existencia se te metiera dentro y se extendiera como un inmenso y desnudo paisaje. Ya puedes volver a cerrar, dijo Sol, aunque yo seguía mirando por la ventana. Voy a dar una vuelta, dije. ¿Ahora?, preguntó ella. Cerré la ventana. Sólo un corto paseo, contesté. Ella seguía con su solitario, sin levantar la cabeza. En la entrada, me puse el impermeable y el gorro de lluvia que sólo utilizo para trabajar en el jardín cuando hay mal tiempo. Tal vez por eso fui al jardín en lugar de salir a la carretera. Llegué hasta el final, donde cultivábamos algunos vegetales y había un pequeño banco sin respaldo que parecía ser de antes de que Sol heredara la casa. Me senté bajo la lluvia en la oscuridad y miré hacia las ventanas iluminadas, pero como el jardín formaba una suave pendiente hacia abajo, no podía ver a Sol, sólo el techo y la parte superior de las paredes. Al cabo de un rato hacía demasiado frío como para permanecer sentado; me levanté con la intención de trepar por la valla y cruzar el pequeño bosque hasta la carretera, junto a la oficina de correos. Pero al llegar a la valla, me di vuelta y vi la sombra de Sol en la pared de adentro y un trozo de techo, no entendía cómo podía ser, no entendía cuál podía ser la fuente de luz que hacía que la sombra cayera justo ahí. Trepé por la valla, por el lugar donde podía agarrarme a la rama inferior de un gran roble; desde allí podía ver a Sol sentada junto a la mesa. Delante de ella ardía una vela, y en una mano llevaba algo que también ardía, pero me resultaba imposible ver de qué se trataba. Luego la llama desapareció, y Sol se levantó; en ese instante fue como si toda la habitación quedara en penumbra. Un momento después, Sol había desaparecido de mi vista. Esperé un rato, pero no volvió. Bajé de un salto hacia la parte exterior de la valla y me adentré en el pequeño bosque. Me preguntaba qué había quemado, y de alguna manera me sentía engañado, por no decir encandilado, sé que fue justo eso lo que sentía, porque la idea me dejó algo perplejo, incluso me pregunté de dónde procedía el verbo «encandilar». Seguí andando por el sendero hasta llegar al aparcamiento de gravilla que había detrás de la oficina de correos, allí me paré a sopesar los pros y los contras, luego volví por el mismo camino, no era muy largo, sólo unos doscientos metros, y enseguida me encontraba otra vez junto a la valla. 

Permanecí un buen rato en la entrada, y cuando llegué al cuarto de estar, Sol estaba haciendo un solitario. Levantó la vista de las cartas y me dirigió una sonrisa. No había ninguna vela en la mesa, ni restos de papel quemado en el cenicero. ¿Y bien?, preguntó. Llueve, contesté. Ya lo sabías, ¿no?, preguntó ella. Sí, contesté. Me senté junto a la ventana. Miré hacia el jardín, pero sólo me encontré con el reflejo de la habitación y el de Sol. Al cabo de un rato, sin levantar la vista de las cartas y con una voz completamente cotidiana, dijo: No tengo más que pellizcarme el brazo para saber que existo. Incluso tratándose de Sol era una afirmación muy contundente, y si la interpreté como una acusación, lo atribuyo a esa sensación de haber sido engañado, una sensación que no se había esfumado al volver a casa y encontrar borradas todas las huellas de lo que había visto desde la valla. Estuve a punto de darle una respuesta irónica, pero me controlé. No dije nada, ni siquiera me di vuelta para mirarla, sino que continué observando su reflejo en el cristal de la ventana. Se puso a recoger las cartas, todavía sin levantar la vista. Me sentí como si tuviera la cara rígida. Sol guardó la baraja en la caja y se levantó lentamente. Me miró. Fui incapaz de darme vuelta, estaba completamente acorralado en la sensación de haber sido humillado. Se fue del cuarto de estar. La oí abrir la canilla de la cocina, luego se oyó la puerta del dormitorio, y finalmente se hizo el silencio. No sé cuánto tiempo permanecí sentado, analizando con amargura sus últimas palabras, tal vez varios minutos, pero por fin mis pensamientos tomaron otro rumbo. Me levanté y me acerqué a la chimenea. Estaba tan limpia de cenizas como antes. Quería ir a la cocina y mirar en el tacho de la basura, pero dudé ante la posibilidad de que Sol me sorprendiera. ¿Y qué?, me dije, no sabe que la he visto. Abrí la puerta de abajo de la pileta, y sobre la basura podía verse la punta de una carta quemada. La agarre y empecé a darle vueltas, perplejo y confuso. Las preguntas se enmarañaban en mi interior. ¿Había ido a buscar una vela con el fin de quemar una carta? ¿Una de esas cartas con las que hacía solitarios? ¿Por qué una vela? ¿Por qué quemar una carta? ¿Por qué había vuelto a guardar la vela? ¿Qué carta? A la última pregunta tal vez pudiera darle una respuesta; dejé caer la carta quemada al tacho de la basura y volví al cuarto de estar. La baraja seguía sobre la mesa, saqué las cartas y las conté, cincuenta y tres. Sólo había un comodín. Sol había quemado un comodín. Miré el que quedaba: un bufón guiñando un ojo al sacarse un as de corazones de la manga. Me metí la carta en el bolsillo con una confusa sensación de venganza, luego volví a meter la baraja en el estuche. 

Cuando una hora más tarde fui a acostarme, Sol ya estaba dormida. Permanecí mucho tiempo despierto, y a la mañana siguiente me acordaba de todo. Llovía. Intenté imaginarme que era una mañana de domingo cualquiera, pero no lo conseguí. Desayunamos en silencio, es decir, Sol mencionó un par de asuntos triviales, pero yo no contesté. Luego añadió: No hace falta que estés tan callado por mí. En ese instante todo se me volvió negro por dentro. Tenía el cuchillo en la mano y golpeé el mango con tanta fuerza contra el plato, que estalló. Luego me levanté y salí de la habitación gritando.

Unas horas más tarde, volví a casa. Había pensado decirle que lamentaba no haber sido capaz de controlarme. La casa estaba a oscuras. Encendí las luces. En la mesa de la cocina había una nota en la que ponía: 
«Sí. Te llamaré mañana u otro día. Sol». 

Así salió de mi vida. Después de ocho años. Al principio me negué a creerlo, estaba seguro de que al cabo de un tiempo se daría cuenta de que me necesitaba tanto como yo a ella. Pero no se dio cuenta, ahora lo sé, debo aceptarlo, no era la que yo creía que era.

domingo, 4 de noviembre de 2018

"Camino a vivir" Martina Batalla

Canción de las hojas caídas - Cuento - Alejo Mazza

https://docs.google.com/document/d/1Cd8U8St6n4qVIzB4u81tuXFm7ZLcDW9VH6JoQ-yUH4I/edit

viernes, 2 de noviembre de 2018

"Fractura de pensamientos"- Lisandro Teper

https://docs.google.com/document/d/1SzAHGJiKkAvcK6rZofrRHqwlzAS7kpSmuGcc-8C1JJU/edit

"El fruto", por Iván, H. Caram.

       El fruto

    Demasiadas eran ya las desventuras por las que transitaba mi corazón, como para poner mi cuerpo a prueba y terminar con los párpados enardecidos, cosa, que me dejaría arrodillado enfrente de las memorias de mi madre, que, siendo tan santas como lo son, me enseñaron que los ojos de un hombre nunca deben hablar si no es para comunicarse con el espíritu recién nacido de la propia madre, esposa o hijos, que ni siquiera la muerte propia es una excusa suficiente para dejarse caer frente a la vida y mostrar la mayor debilidad que puede haber en la existencia; por eso decidí posponer por un tiempo mis largos viajes con destinos inciertos y comenzar a frecuentar pequeños parajes y miradores para fomentar las ideas de mi arte, tal vez podría concentrarme más en los  pequeños detalles, para divagar hasta poder mirarme y cuestionarme, para mí, eso, era el arte.

    Aún recuerdo el día que viajando por escarpados me decidí a descansar en una posada, allí descubrí, a una mujer más que preciosa, de movimientos sutiles pero seguros, con delicados detalles pero de paso arrollador, su piel se extendía desde el más hermoso rostro hasta los caminos más largos que jamás había visto, esos que sostenían todo el peso de una flor, sin miedo del hombre, creo que por ser consciente de que ellos le temían a ella, nuestro cruce de miradas fue como poco eterno, y las charlas que vinieron luego, deleitantes; conocía todo sobre el arte de la música, como no saber de ella si su andar era como un canto lírico, ahí fue que descubrí que te amaba, también recuerdo, obligarme a no quererte, solo para marcharme y querer siempre volver a verte, pensé que mi viaje era un menester más urgente.

    Llegué a mi destino, un pequeño descampado repleto de meacamas, no muy lejos de mi casa, me quedé sentado allí, dibujando hasta que el Sol llegó al hastío de mí quietud,   y se retiró lentamente para no herir mis sentimientos. Tal como me dejó, lo dejé, cambiando mi quehacer de retratar puestas de sol a perseguir un pequeño gazapo, o tal vez un conejo de raza pequeña, si, debió de ser, por su solitario andar; anocheció y las luciérnagas empaparon la vista con sus intermitentes presencias, caminé entre ellas intentando no pisar ninguna que se encontrase entre el césped, me dejé llevar hasta que lo ví, un pequeño grupo de estas minúsculas voladoras estaba extasiado, prendiendose y apagandose constantemente como fuera de control, y en el medio una flor enorme (para ser una flor por lo menos), era de  un largo tallo, y al llegar a los pétalos, se abrían ocho de estos creando una especie de nido esférico que encerraba dentro de sí los pistilos y el centro de la flor, era sorprendente, los movimientos generados por las luces que aparecían y se iban hacían parecen a la flor un enorme átomo, con sus electrones saltando de un subnivel a otro, no pude resistir más así que hundí mi navaja en la tierra, saqué la planta del suelo y la acarreé conmigo para investigarla.
    
     A la mañana siguiente la trasplanté en la parte trasera de la casa, ahí pude observarla mejor, ví que los ocho pétalos que rodeaban el centro de la flor, eran amarillos en la parte de fuera y blancos por dentro, dejando un espacio dentro, como si los pétalos protegieran con tal amor el corazón de la flor, que lo rodean pero sin tocarlo; se podía ver hacia dentro de esta, tenía un pistilo muy oscuro, incluso llegando al azabache, y alrededor de este, muchos filamentos variados colores, con anteras que parecían portar cristales en ellas, los cuales refractaban la poca luz que los pétalos permitían entrar, convirtiendo así, el interior de la flor, en una cúpula toda iluminada. Tomé unos cuantos libros de especímenes herbarios que conseguí en su momento cuando estaba comenzando a tener el jardín, a los minutos la encontré, la hacían llamar: “venenineca animatra”; proviene de un idioma antiguo, y significa algo como “veneno para tu alma” o “envenenadora de almas”, aparte de eso, había un pequeño relato mitológico sobre el porqué del nombre, algo sobre un gran hombre que terminaba transgrediendo todo mandato de los dioses, o algo parecido, sinceramente la religión nunca fue mi fuerte.

    Volví a ver a la nueva inquilina, no entendía donde estaba su veneno, no se parecía en nada a una planta venenosa, así que decidí investigar; puse comida para pájaros, al igual que cada tanto suelo hacer, solo que esta vez agregué pedazos de distintas partes de la “venenineca”, esperé, y unos pájaros se fueron acercando, todo iba normal, hasta que uno de ellos ingirió la tercer muestra, la de los cristales, comenzó a moverse de forma extraña, luego emprendió el vuelo, haciendo círculos en el aire, cuando de repente, fue directo hacia arriba, voló alto, más y aún más después, lo seguí con la mirada, pero en un momento quedó justo en el punto entre mis ojos y el Sol, ahí deje de mirar, me froté los ojos y volví la vista, cuando lo hice, me quedé atónito, el pájaro que hace segundos ascendía ahora iba en caída libre, descendía y descendía a toda velocidad, peso muerto, era clara su trayectoria hacia el suelo de mi jardín, estaba paralizado y no reaccioné para intentar atraparlo, así que solo observé, como, unos instantes antes de romper su cuerpo contra la tierra, aleteó y pasó a toda velocidad sobre la hierba para luego irse volando más allá de mi vista.

    A la mañana siguiente desperté tempranísimo, había decidido irme a descansar antes de lo normal para aprovechar el venidero día, pase por el pueblo cercano a conseguir elementos que necesitaba para continuar con la investigación, dí comida a un pobre que siempre está en el camino y hable con una anciana a cerca de mi última adquisición, me dijo que a ella nunca le habían llamado la atención a lo largo de su vida, pero que eran una maleza, donde sea que cae un trozo de esta, crecen más. Ya habiendo llegado, fui al jardín, pero a uno más frondoso que el que había dejado antes de irme, este, tenía seis plantas, siendo que cinco crecían donde estaban los cinco distintos alimentos para pájaros, y la sexta era la madre que estaba donde siempre, pero no le dí importancia, tomé la que primero había traído y la diseccioné toda. Obtuve varios derivados, un líquido, que no era más que una solución de agua y los cristales disueltos en ella, un polvo que es fruto de la solución reconvertida en cristal para obtener unos más puros y luego molida, por último realicé una sublimación para obtener unas pocas muestras de un gas hecho puramente del cristal. Moría por probarlo, no lo se, tal vez era por lo extravagante o por ver las extraordinarias reacciones de los seres vivos que observé bajo sus efectos, pero no podía, vaya a saber uno, si luego ese pájaro murió en agonía tan solo a las horas, así que realicé una visita nocturna al pueblo para que nadie me viera y le dí la cena al callejero del camino, pero adulterada con el polvo que refiné, me alejé unos cuantos metros y observé, comenzó a comer, y antes de terminar la comida, el hombre se desgarró la camisa y comenzó a hablar al cielo, rompió en llanto y simplemente se quedó mirando sus propias manos con tremenda admiración, ya había tenido suficiente, volví a descansar a mi morada. Pensé que claramente ese hombre estaba expiando sus pecados, por ser creyente, y un experto pecador seguro también, fue eso lo que se le reveló, pero resolví que seguro que dependiendo de quien lo vivencia, lo que se termina revelando o no, estaba seguro que era eso, sufren una revelación, ya quería intentarlo, pero debía esperar a mañana, debía saber que sobreviviría.

    No dormí, y temprano en la mañana ya estaba corriendo hacia el pueblo, cuando al abrir la puerta veo, al ahora sin camisa, pobre del pueblo, me miraba ansioso con su sombrero polvoriento bien apretado entre las manos, creo que mi mirada delató mí pensamiento, de que no solo creí que estaría muerto, sino también debía estar furioso por haberlo intoxicado, claramente estaba esperando la apertura de mi puerta para darme mi merecido, pero me hice el samaritano, y pregunté por el motivo que lo traía a estar ahí parado en mi puerta, y sin entender muy bien lo que le dije, se humedeció la boca y me preguntó si tenía en mi poder más de la comida de dios, le dije que ese era el último plato y que lo había compartido con él porque sabía que sino nunca estaría a su alcance degustar tan deliciosa comida, instantánea fue su triste mueca, volvió a humedecerse la boca, me agradeció y se fue caminando con la mirada hacia el suelo, como melancólico, pero no importaba ese sucio pobre, ya no más, era mi momento para sentir la revelación.

    Inhale el gas que había preparado a lo último, pensando que sería lo que más directamente impactaría en mi organismo, comencé a sentir en mis dedos un escalofrío, como sintiendo que algo implacable venía directo hacia mí, sin darme cuenta deje de sentir la gravedad, ya no me sentía impulsado hacia el suelo, ahora era solo como flotar, las cosas se movían de a poco más lentas y todo lo que veía iba dejando tras de sí una estela, como si varias sombras a color persiguieran a una figura original más fuerte, comencé a escuchar un leve pitido que gradualmente iba aumentando, los colores cada vez más fuertes, siendo que se iban acercando al blanco cada vez más, me sentía muy fuera de mí, no era completamente capaz de entender qué era lo que estaba sucediendo, estaba vibrando literalmente, sentía como temblaba sin parar, producto del inmenso cosquilleo que ya se había conducido a todo mi cuerpo, el pitido se volvió casi ensordecedor, al borde de ver todo blanco, el cosquilleo imparable, y todo aumentaba más y más hasta que lo sentí, una explosión de sentimientos, todo lo que se puede sentir al mismo tiempo, era como ser parte de una de las ondas que la música produce yendo y viniendo como el mar, pero con aún más poder, con un poder como el del sol, el blanco y el agudo sonido constante desaparecieron, dejándome solo el cosquilleo y el “delay” en todo lo que veía, fue como descubrir la más oculta linea de bajo en la más hermosa canción, este nuevo poder corría como una bala a través de mis venas, dándome el saber, que hacía que todo se viera tan claro, y también la fuerza, mis músculos estaban enfurecidos, llenos de adrenalina, la casa entera tembló, y el suelo se sacudió como una alfombra al agitarla para desempolvarla, caí boca arriba y quedé mirando al techo, del que hombres comenzaron a salir como si mi techo fuera su mundo, comenzaron a caminar por él, seguros de a dónde se dirigían, pararon, se quedaron quietos y me miraron, ahora se unían entre sí como formando un único hombre gigante de barro hasta que puso su cara justo delante de la mía, yo seguía acostado, sin saber si realmente podía ponerme de pie con semejante criatura frente a mí, el hombre de barro extendió su mano y la colocó suavemente sobre mi pecho, pareció asustarse y comenzó a gritar como sumergido en el más feroz llanto, hasta explotar en pedazos que volaron como esquirlas hacia todas partes destruyendo todas las ventanas, los pedazos comenzaron a flotar y yo a incorporarme, tomaron rumbo, ahora volaban hacia el mismo lugar, enfrente de mí, detrás, la puerta que daba al jardín, era él de nuevo, el hombre de barro, terminó de completarse y comenzó a correr directamente hacia mí, morí del espanto, caminé hacia atrás para escapar, pero en un parpadeo el hombre desapareció y ahora mi problema era que estaba cayendo de espaldas hacia la puerta del jardín, porque la gravedad ahora no solo no me atraía, sino que ahora lo hacía hacia el patio, atiné a quedar colgado del marco de la puerta, pero finalmente la gravedad volvió, y caí.
    Desvanecí unos instantes por el golpe y desperté, me sentía normal ahora, excepto por una extraña sensación, juraría que tenía unos ojos clavados en la nuca,diosesencuerposhumanos
voltee a ver, y estaban ahí decenas de ojos mirándome fijo, eran las flores venenosas que yo mismo había dejado crecer, me relajé, entendí que era todo producto de lo que había consumido, aunque no dejaban de generarme malestar esos ojos amarillentos, de irises brillantes y en movimiento, me dí vuelta para no verlas más, el dilema era que ahora estaba rodeado, no sé ¿cómo el jardín se encontraba repleto de estos ojos que permanecían fijos en mí?, estaban por doquier, no sabía dónde esconderme y cerré mis párpados, al fin paz, ahora éramos solo yo y… estaba escuchando música, de nuevo ¿como?, solo me puse a escuchar, era una melodía hermosa, que sentía que me movía de un lado a otro, me recosté y deje que me llevara junto con las luces destellantes que veía dentro de la oscuridad de mis ojos.

    Así seguí alucinando durante varias horas, y también durante los siguientes dos días, hasta que conseguí dejar de consumir, no pude evitarlo, era una fuente eterna de inspiración, qué mejor idea para explayar en un lienzo, un texto, una escultura, una canción o cualquier tipo de manifestación, que la realidad de lo que acababa de vivir, ¿cuantos en todo el universo podrian decir, sin mentir, que habían vivido algo como eso?, incluso, me detuve porque sino iba a quedarme sin suministros, debía esperar a que crecieran más, de todos modos no era mucho tiempo el que debía esperar, y esta vez, me había encargado de poner muchos fragmentos de la flor para tener una inagotable reserva.

    Metí mi cuerpo debajo del agua para aliviar la ansiedad de la espera, permanecí debajo de esta un largo tiempo, cuando salí, dejé que mi cuerpo se secara solo, y escuché un ruido en el jardín, corrí inmediatamente hasta el lugar, era el paupérrimo y sucio hombre que use como prueba, intentando arrancar de la tierra uno de mis hermosos frutos de dios, tuve que golpearlo, ¿qué más podía hacer?, se levantó del suelo y me lanzó con las dos manos contra la puerta del jardín, se estaba por abalanzar sobre mí cuando estire la pierna y patee su cara de frente, haciéndolo caer en el lugar, quise ir hacia unas piedras, pero el tiro de mi pierna y caí también, seguramente pensó que me dirigía a la flor, porque yendo en la misma dirección en la que yo iba, se detuvo en ella y la arrancó de cuajo, ya no estaba la conciencia en mi cuerpo, salté a su cuello, lo mordí con todas mis fuerzas y caí sobre él, soltó la flor, pero comenzó a vapulear mi cara con su puño derecho, lo solté y salí de encima suyo, quien, con la mano izquierda en el costado izquierdo de su cuello, caminaba tambaleante hacia mi más preciado tesoro, entendí que luchar por la flor contra él, no era una solución, debía terminar con el problema de raíz, corrí hasta la piedra más cercana que ví, tropecé, no podía ver bien luego de los golpes, que, en parte, me habían molido el ojo, pero llegué a alcanzarla, me alcé rápidamente como un joven tallo, apunté, y lancé la roca, que impactó en la cabeza del hombre que intentaba escabullirse con mi alma, cayó contra una pared de la casa, me acerque y le arrebate la flor, arranqué los pétalos con todo lo que contenían dentro usando mis dientes, justo frente a sus ojos, patee sus costillas reiteradas veces y él escupió sangre en mis desgarradas ropas, lo arrastré hasta la reja que rodeaba la casa y tomé una larga vara de hierro puntiaguda, una que solía usar cuando alguna planta crecía torcida, tomé su brazo y lo pasé del otro lado de la reja, una sola estocada me alcanzó para atravesar su hombro, pasar por entre los agujeros de la reja y atravesar su mano, lo necesitaba quieto, disfruté los graves y llenos de sangre gritos del alma más oscura que había visto nunca, cómo se va a atrever a robarme a mí, busqué el aceite dentro de la cocina y volví, me sorprendió que me implorara que lo dejara ir mientras lo rociaba en aceite, se ve que no es tan pobre de dinero como de ideas, para pensar que existe posibilidad de sobrevivir con sus heridas, una cerilla terminó el trabajo y yo volví dentro para poder descansar con la música de fondo que la vida me había brindado, pero no pude llegar ni a una silla, que sentí como alguien llamaba a la puerta con insistencia, no tendría sentido tardar en atender el llamado, los gritos se escuchaban hasta fuera de la casa, tomé un cuchillo y fui preparado para el segundo round, pero lo único que herí con su filo fue el suelo, porque detrás de la puerta estaba ella, esa hermosa mujer, cautivadora de mi alma, que conocí en mis viajes, ¿como podía ser que hubiera llegado hasta aquí sola?, me miró sonriente e hizo llegar la más dulce voz a mis tímpanos, “no sofoques tu respiración, conozco todos tus pecados, vine a terminar con tu dolor, porque como tu, yo hoy también asesinare, asesinare tu soledad, y a cambio, esta vez, te consumire yo a tí”, se paró en el umbral y me besó, luego sin pedir permiso se metió en mi habitación, la seguí y me deje maravillar por sus movimientos, se quitó la única prenda que traía encima y se recostó sobre la cama con los brazos abiertos, luego los deslizó hasta entrelazar sus manos sobre su cabeza, sus senos descansaban recostados sobre su pecho, no podía creer que la estaba viendo, lamí su piel desde los pies, pasando por sus piernas, su vientre, sus pechos y su cuello hasta llegar a su boca, sus labios eran la carne más blanda que jamás había tocado, y su lengua, me saboreaba, sentía como disfrutaba el sabor de mi lastimada piel, finalmente nuestros labios permanecieron pegados, sin movimiento, y desvanecí.

    Desperté solo, solo y con única compañía de un cadáver y montones de nuevas flores que como los ángeles que son, vinieron para no dejarme solo, grité hasta que se me desgarro la voz, y lloré todo lo que no había llorado desde que era niño cuando me dí cuenta de lo que había pasado, ella no me busco, igual que nadie me buscaría si no estuviera más. No, fue real, igual que mis sueños y mis recuerdos lo son, debía buscarla igual que ella lo hizo conmigo, así que primero comencé a ingerir todos los cristales de las del jardín, luego tomé media botella de estos diluidos, y por último perecí mi muerte inhalando su gas, nunca más la ví, y sin embargo por ella morí, tendría que haberlo visto venir, no habiendo hace tiempo recompensas para mí.


Por: Iván Agustín, H. Caram.

Siniestra realidad- Rodriguez Micaela


Siniestra realidad


Un juguete es uno de los primeros elementos que hacen que el ser humano se conecte con varias realidades. Para un niño es mucho más que un simple objeto y se puede convertir en una fuente de valores con importantes mensajes. Tiene un potencial muy grande relacionado al desarrollo de habilidades”- le dijo el psicólogo el primer día que la vio.
La ventana que rodeaba la habitación era tan diáfana que sin esfuerzo alguno, podía observar y analizar cada gesto que realizaba Chloe. Ella estaba completamente dormida, pero sólo un mínimo movimiento de esos cables que la conectaban bastaba para que sus pestañas se abran de inmediato. Yo lo sabía, la conocía como nadie desde que me dieron el caso. Podía adivinar su frecuencia cardíaca con los ojos cerrados. De todas maneras eso nadie lo sabía, para todos era el hombre de traje oscuro, con un cuaderno bajo el brazo, que miraba constantemente detrás de la sala.
Claudia, su madre, no podía creer lo que pasaba. Ya era tarde, no podía cambiar el pasado, el reloj parecía estar acelerado para ella. Sus ojeras eran cada vez más grandes y la preocupación aumentaba. Sabía que todo esto era su culpa, sus decisiones habían sido clave.
Por enésima vez, los médicos se acercaron a dar una nueva noticia. Las últimas cinco fueron malas. Claudia no quería seguir escuchando, así que solo corrió al baño y se largó a llorar. La seguí, esa era mi tarea. Desde que su esposo había fallecido, ella cargaba con todos los problemas.
La decisión desencadenante había ocurrido 14 años atrás, cuando Chloe tenía apenas cuatro años. El hecho de ser hija única había multiplicado la necesidad de sentir compañía, pero sabía que las posibilidades de tener un hermano eran muy bajas. Su padre estaba muy enfermo y su madre tuvo una complicación en el embarazo que le impedía volver a tener un hijo.
Especialistas le ofrecieron una nueva propuesta que consistía en la introducción de un dispositivo en el músculo espinal de Chloe. Con él se lograba un aumento de la imaginación durante el momento del juego, de esta manera, la interacción con muñecos y juguetes se hacía más amena, divertida y feliz.
Fueron interminables esas noches, Claudia lo recuerda siempre, con más razón en estos tiempos, a lo único que se acostumbraba era a ver a su hija llorando mirando la luna, pensando y preguntándose por qué tenía que ir tantas veces al hospital. Sí, Chloe iba tantas veces que ya tenía su silla preferida en la sala de espera. El implemento de este sistema requería muchas evaluaciones, muchos estudios, había que dedicarle muchas horas a la investigación y ni hablar de los estudios de prueba. Fueron los meses más largos para la familia, pero los especialistas le garantizaban una vida y un desarrollo feliz. Por un lado también pudo mantener distraída a la niña de la cantidad de problemas familiares que iban presentándose, la enfermedad de su padre era algo de lo que la mamá quería excluirla. Ambos estaban convencidos de que querían lo mejor y harían cualquier cosa por ver contenta a la pequeña.
Pasaron los momentos más difíciles, pero luego los resultados comenzaron a aparecer. La habitación con paredes rosas estuvo repleta de juguetes de todo tipo, cualquiera que a un niño se le pueda ocurrir. Aquí es donde comienza a tomar forma el tratamiento. Los ojos amplios y llenos de luz de Chloe tenían la capacidad de transformar la enorme cantidad de bártulos en animales y personas reales. El nivel de imaginación sobrepasaba los límites a los que ella estaba acostumbrada.
Los años pasaban y llegó el día en el que había que crecer, madurar y mirar fuera de la casa de ensueño. Chloe ya tenía 16 años, la suficiente edad como para empezar a cuestionarse ciertas cosas. Trataba de entender por qué vivían tantos seres vivos en su casa. Fue por eso que decidió comenzar a independizarse. El proceso fue lento, tan lento como la adaptación al tratamiento. Los primeros pasos giraban en torno a la aceptación de responsabilidades, como lo era volverse sola de la escuela, quedarse en casa de amigos, ir a fiestas los fines de semana. Pero algo le seguía haciendo ruido, era lo mismo de siempre, ya no podía ignorarlo.
Una mañana fría de julio, le toco ir sola por primera vez a hacer un control médico. Se despertó, se dio un baño, desayunó de manera un poco acelerada, porque todavía no sabía controlar los tiempos. De estas tareas solía encargarse su madre hasta hacía unas semanas atrás. Terminó de prepararse, agarró los papeles necesarios y se subió a un taxi. Pronto estuvo sentada en su silla favorita de la sala de espera.
“Morgan Chloe”, la llamó el doctor de turno. Ella se despegó del asiento de un salto e ingreso al consultorio. El médico la atosigó con preguntas que no sabía responder. Estaba completamente pérdida, totalmente desesperada, no entendía qué estaba pasando, quiso agarrar el teléfono celular para llamar a su madre, pero al instante cayó desplomada al suelo. Su cabeza impactó contra la camilla generando un golpe terrible, la pérdida del conocimiento estaba asegurada.
Sigo viéndola con los mismos ojos, exactamente igual a como la vi ese día, solo que ahora mi mirada atraviesa los vidrios de su habitación.


El ùnico caso - Gaston Bonanno Epstein


El ùnico caso




                                             Cotilleando la vida de los demás.




Un día  lleno de nubes, un cielo tan gris que lo único que se podía visualizar eran sombras. En la calle se veían nubes moviéndose, éstas eran  personas con ropa de color oscuro.

Día feriado, pero común para el detective Timaius, así también lo era para los detectives Robespiere y Celia. Ellos tres son compañeros resolviendo casos. Su lugar de trabajo: la comisaria más grande de Hardly City. Los tres grandes resuelven casos en su departamento de detectives, el cual se encuentra en las profundidades de la comisaria privada Great Solution. Su lugar habitual para las discusiones como equipo, es la sala de “recuerdos perdidos”, nombrada así en honor al pequeño problema de Jack Robespiere. Este era un problema singular, ya que tenía que ver con la personalidad del individuo. Él es una persona de unos 38 años, con grandes manos y pies, una voz ronca por fumar y piel áspera y rojiza del alcohol. Es muy inteligente y resuelve grandes casos con solo una frase. ¡Bueno, esto no es lo que afecta a su problema! Lo que en realidad afecta a su problema es su personalidad tímida, discreta y tiene una mirada que da miedo, si te le quedas viendo de frente, enseguida sacas la conclusión de que te insultará o algo peor. Cuando se enoja, dice una frase tal que te deja sorprendido. Esta frase duraba en su memoria un solo segundo ya que al preguntarle qué dijo, se lo olvidaba.

 

En este día tan particular, no  para los tres grandes. Al llegar cada uno a la oficina  de los recuerdos perdidos: se encontraron con una hoja previa a la noche del día anterior, la cual Timaius había dejado como un caso urgente para resolver.

 

El caso de hoy, el único caso,  era una urgencia inminente, se trataba de una gran estafa. La mafia se había involucrado con el gobierno, con políticos corruptos que querían tener al presidente como una imagen de poder, mientras que ellos manejaban la plata del país, haciendo inversiones  y controlando las transacciones de la bolsa. Esta investigación ya estaba avanzada por lo cual los tres grandes habían recogido estos datos, los  pudieron sacarse gracias a las conclusivas frases de todos los días de Jack.

 

Los tres grandes se conocieron en la facultad en un curso de criminología. Cabe resaltar que tanto Ernst Timaius como Jack Robespiere estaban enamorados de Celia Fandilli. La señorita Fandilli es una muchacha muy atractiva con bellos ojos y una buena cabellera que resaltaba su rostro, fino, luce como una modelo.

Celia  ahora es una joven de 25 años es  tan inteligente que es la principal en hacer preguntas puntuales para resolver los casos. Ella logro estudiar la carrera en 2 años, mientras que Timaius fue el segundo que menos tardo en  5 años  y el tercero fue Jack quien siempre se llevaba todo aquello que tenía que ver con casos de discreción, tardando así la suma de los años que tardo Celia y Ernst juntos.

Jack tuvo un desacuerdo con ambos cuando estudiaban, ya que Celia y Ernest estuvieron de novios 1 año y 2 meses. A partir de descubrir esto el señor Robespiere tuvo una crisis psicológica.

 

Los tres trabajaban de una forma especial. A la mañana llegaban a la oficina cansados  por el trabajo del dia anterior. Tenían un tiempo para tomar uno o dos cafés y charlar de los casos que había que resolver. Se repartían los casos siempre si eran fáciles, pues sino se hacían un día para resolver ese caso en específico. Este tiempo duraba tres horas, luego tenían todo el día para buscar pistas por cuenta propia. Durante unas diez horas, las cuales sin dudarlo las podían utilizar como a ellos se le diere la gana.  Luego de encontrar datos se volvían a juntar en la oficina otras tres horas para poder reunir los  y dar por concluido los casos, obteniendo las respuestas.

 

Timaius  es una persona  comprometida con su trabajo, aunque su amor por reconquistar el corazón de Celia, influye con creces en las actitudes que toma en él. Quiere mostrar una imagen seria y de compromiso, lo cual a Celia le atrae. La detective por otro lado, es una chica apasionada por descubrir cosas. Hace un buen trabajo sacando conclusiones de los datos recabados. Ernst es una persona cumplidora y honesta, tiene 35 años es alto y usa barba.

 

El caso tuvo muchos interrogantes en el medio, simplemente un papelón, la justicia se debería de sentirse avergonzada, incompetente. Parecería que o son todos corruptos o son todos unos…

Todo aquello que se habló a la mañana, fue contradictorio a la resolución del caso.  Los detectives Timaius y Celia fueron quienes tuvieron la conclusión, por una simple sospecha.

Todos los detectives salieron de la sala a las 10 p.m. Todos con distintos destinos, uno fue a la bolsa, otro fue a hablar con el presidente y el otro fue a ver si podía inmiscuirse con la mafia.

En primera instancia el presidente le contó a Celia que él era parte de este movimiento en la bolsa, ya que beneficiaría a todos los ciudadanos. A Timaius el jefe de la bolsa le dijo que no recibía nada de nadie ni de políticos corruptos, ni de mafias.

Con estas conclusiones ambos detectives fueron a ver el día de Jack Robespiere, ya que tenían una simple sospecha sobre él, quien a la mañana temprano dijo “nada de café solo alcohol y plata”.

Lo vieron bebiendo dentro de un bar. Lo miraban desde la calle de enfrente con binoculares. Al verlo levantarse y dirigirse a una puerta, vieron que detrás de ella habían otras personas, todas grandes y morrudas como Jack. De inmediato Ernst y la señorita Fandilli entraron al bar. Timaius tomó el  vaso de cerveza y trato de oír detrás de la puerta. Al oír la voz de su compañero llamó a la policía quien ya estaba rodeando el perímetro.  Atraparon y llevaron preso a todos los mafiosos incluyendo a Jack, principal miembro del grupo quien tenía contactos con los mafiosos de la bolsa. Un estudiante que comenzó con el consumo de alcohol, después del rechazo que sufrió de su amor, Celia Fandilli. Tras haber perdido todo por su mal habito, inicia su vida turbia.

Este es el único caso en el cual describo la vida de mi hermano.


"Invasión" de Mora Spadaro





Los rayos del sol recién iluminaban el terreno, el vigía del pueblo logró avistar soldados armados que se aproximaban, pronto ya todos en el pueblo habían sido enterados de la posible inminencia de una batalla, los guerreros tomaron sus armas.
Las que avanzaban eran las tropas del norte, originarias de paisajes sinuosos pero fértiles, con trajes celestes a rayas. Al sur y recién enterados del avance de los anteriores, los provenientes de sitios llanos y húmedos, vestidos con colores cálidos.
Se despertó para hundirse nuevamente en un vaivén de emociones. Soñó que tenía un pez, y que se moría. Tras prender la lámpara, la tiró a suelo, lo que atrajo a su madre, está última levantó la lámpara a la vez que anunciaba a su hijo que el desayuno estaba listo y que se lo traería, como había hecho todos los días. El recién amanecido asintió con neutralidad.
De pequeño era feliz, si bien luchaba con algunos trastornos psicológicos leves, tratados vagamente, se mantenía alegre.
El problema acrecentó cuando entró en la secundaria, donde su infantilismo lo llevó a que sufriera acoso de sus compañeros, nunca se supo que tan grave fue pero le bastó para encerrarse en su casa, tirado en la cama, sin voluntad para hacer algo más.
La tropas celestes ya se escuchaban, más fueron tapadas por el alboroto de la gente del pueblo. Los celestes se detuvieron a un par de metros de la, de por sí, debilitada muralla colorada. Se mandó a llamar a quien era dueño de aquellas tierras y se le manifestó con la mejor cara de sinceridad que solo querían llegar a las tierras del sur, atravesando su territorio.
Este paso era tan codiciado debido a que por allí accederían a continente inhabitado.
Sin embargo, a causa de la desconfianza, el pueblo austral denegó la petición. Parecía que los recién llegados se marcharían, pero estos, sin pensarlo, arremetieron contra la muralla, derribándola.

Cuando llegó el té con las tostadas los disfrutó mucho, pensando en la vida ni se inmutó de que estaba comiendo hasta haber terminado, concluyendo su leve momento de satisfacción y sabiéndolo prácticamente derrumbado a causa de no haberlo podido gozar plenamente. Volvió a recostarse.
Ahora, con campo abierto, el batallón celeste avanzó sobre los ciudadanos locales. Sin compasión derrumbaron todo lo que había a su paso. Los rojos, que se encontraban en inferioridad numérica lucharon lo más que pudieron, pero poco pudieron hacer ante tan desarrollado ejército.
Mientras miraba al techo imaginaba cosas que podría hacer pero se auto reprimía diciéndose que eran cosas imposibles.
Tras semejante masacre los celestes llegaron al sur, allí se asentaron parte de sus tropas, construyendo casas y crreando instituciones.
Comenzó a sentir un leve dolor estomacal que se fue expandiendo hasta cubrir todo el torso, sintió cómo en su interior se iba desarrollando un cáncer. No sin haberlo estado meditando la mitad de su vida, y ahora por fin colmado; se levantó de la cama, despacio, debido a los años que había estado tirado en aquel sitio.
Los celestes, únicos habitantes de esas tierras, comenzaron a caer contra las paredes meridionales de sus casas. Bastante mareados y extremadamente confundidos, lograron estabilizarse.
Con decisión salió de la casa, su madre lo miraba y le hablaba sorprendida, indiferente se dirigió al galpón tomó una soga y un banquito, y fue hasta la rama más baja de viejo nogal, allí se subió al banquito, ató la soga a la rama, y luego a su cuello y saltó.
De pronto hubo un impacto que hizo que todas las casas, habitantes, objetos y todo lo que se encontraba en aquellas tierras se desprendieran del suelo, cayendo, en paralelo al piso, y dejando las tierras vacías sin vestigios de algo.

"El Desertor" Catalina Fernandez Larre







La lluvia caía, las pesadas gotas de agua dificultaban su visión, la tela mojada le impedía correr como se debe y los balazos y gritos comenzaban a oírse más lejos. El arma pesada, golpeaba el lado superior derecho de su cuerpo, el casco, grande para su cabeza, se le bajaba. El frío le calaba los huesos y comenzó a temblar. De tanto correr las piernas le dolían y de días despierto, el sueño lo acechaba, pero la adrenalina no lo dejaba rendirse. Seguía corriendo sin percatarse de que sus compañeros caían como moscas, seguía corriendo huyendo de la guerra, huyendo del miedo, huyendo de la muerte. Seguía corriendo en dirección contraria y siguió así hasta que el silencio del bosque lo abrazo.
Agitado, casi sin aliento, decidió sentarse en un tronco caído, se deshizo del arma y se descalzó, sus pies fueron bien recibidos por la fría tierra cubierta de hojas, y sin darse cuenta el tacto con el pasto lo ayudó a calmar sus nervios. Se sentía bien, le hacía recordar que todavía podía sentir. Respiro profundo y relajo los músculos, se percató de que la lluvia había parado y de que ahora todo tenía brillo, todo parecía haberse limpiado, pero su miedo seguía ahí. Desolado, se acostó en la tierra, boca arriba, miraba el cielo lleno de nubes negras, y deseo estar en su casa. Sabía que había desertado, que no podía volver a ella si no quería morir fusilado, tenía miedo y fue por eso que no se movió cuando escuchó como lo buscaban, y fue por estar tan quieto que el cansancio de días, llegó de golpe, y el sueño lo encontró. A la mañana siguiente, lo despertó un disparo, de un salto se levanto y estiro el brazo hacia donde la noche anterior había dejado el arma, pero no la encontró. Cuando miro a su alrededor, un hombre con una escasa barba blanca miraba con asombro el arma en el piso, de inmediato supo quién había disparado. El extraño, vestía de manera poco casual, en lugar de llevar el uniforme típico de un soldado, él portaba una armadura, y un casco de metal, colgando de su cintura se encontraba una espada guardada en su vaina. Se frotó los ojos, para comprobar que lo que veía era verdad, y como así lo parecía, intuyo que estaba soñando. Se miraron durante unos segundos y el caballero comenzó a hablar. -¡Buenos días hombre!. Lamento mi atrevimiento al tomar su extraño bastón de fuego. No he podido controlar mi curiosidad. Espero sepa perdonarme.- le iba a contestar pero el caballero continuó hablando.- ¿Cual es nombre?- -Helg.- respondió confundido de que su sueño fuera tan realista. El caballero le tendió la mano y él la aceptó. -Roderick- respondió el hombre.- ¿Que hace en el bosque en esta época tan hostil?.- -Huyó.- respondió Helg con un tono de dolor en su voz. Roderick levantó las cejas. -¿De que?.- hablo en caballero. -De la guerra, de la muerte.- respondió Helg soltando un suspiro. El caballero se extraño, la guerra había terminado hace tiempo, sin embargo al notar la pena de Helg, se sintió reflejado en el. -¿Piensas regresar a casa? -No puedo, van a matarme si lo hago. - Daría todo por volver a casa una última vez, hasta mi vida.- contestó Roderick. - ¿Y porque no lo haces? ¿También van a matarte?- preguntó Helg con cierta curiosidad. -No, es solo que no encuentro el camino.- Helg lo miro y espero a que siguiera hablando. "Cuando la guerra comenzó, vivía en una aldea. No éramos más que niños cuando los soldados de nuestro Señor llegaron un día a reclutar hombres para el ejército. Dijeron que era muy pequeño como para cargar un espada, pero todos mis hermanos fueron aceptados. No me iba a quedar atrás, así que me escabullí con ellos. No pasó ni una semana de marcha, y tres de mis cinco hermanos ya habían muerto de fiebre y cansancio. Pero la guerra continuó y yo ya estaba metido en ella y tan lejos de casa que no sabía cómo volver. En una batalla, el ejército de un Señor que luchaba en nuestra contra, nos ataco y en la batalla mató a nuestro comandante, ahora le pertenecíamos y luchábamos por el. Eso se repitió durante toda la guerra, hasta que un día mire a mi alrededor y me di cuenta de que no conocía a nadie, no sabía para quien luchaba, no sabia porque luchaba. Cuando el último de mis hermanos murió, entendí que quería volver a casa, pero cuando emprendí el camino de regreso, me percate de que había olvidado el nombre de mi aldea, de que había pasado tantos años que mi madre seguro estaría muerta y de que ahora la casa en donde había crecido ya no existía. Deje que la guerra forjara mi vida y ahora no soy capaz ni de recordar un nombre. Si lo que quieres es volver a casa hazlo, no dejes que el motivo de alguien más se convierta en el tuyo, pelea por lo que tu quieras y no dejes que alguien use tu vida como si no fueras más que un peón de ajedrez. Que tu muerte sea decisión tuya, no de otros. Vuelve a casa Helg." No sabia porque ese caballero lo ayudaba, le pareció irreal, pero asumió que necesitaba descargarse y que él había sido la persona perfecta en medio de ese bosque. Se quedó en silencio, pensando. Luego miró a Roderick y asintió convencido. -Volveré, aunque me maten.- sintió cómo se deshacía de un gran peso, se sintió bien. El caballero le regaló una sonrisa y se levantó. -Debo seguir con mi camino.- anunció mientras le tendía la mano. Helg sacó del bolsillo su gastada brújula y se la tendió. -Para que nunca mas te pierdas- Roderick sonrió y la acepto. -Adiós Helg. Buena suerte.- y se fue caminando con su espada rebotando contra su pierna. Helg suspiro y miro hacia el cielo, de repente sintió un cansancio que nunca antes había experimentado, y cayó al suelo dormido.
Se despertó sintiéndose ligero y sin su brújula. Para luego volver a su casa.
El día del fusilamiento, se sentía bien, y ni siquiera el miedo pudo con el.