jueves, 1 de noviembre de 2018

- "Parentesco" - Romina Maier -





“Parentesco”
  Erase una vez un hombre bastante peculiar, al cual todos lo agredían por el simple hecho de ser “diferente”.
    Ser “diferente” no es malo, todos lo somos porque si fuéramos idénticos la vida, las relaciones y todo tipo de vínculo con cualquier persona seria muy aburrida.
   Él pensaba que era al revés, que todos eran los “diferentes” y que él era el único “normal”.
   Este muchacho se caracterizaba por utilizar ropas oscuras y un elegante sombrero de gala o el típico sombrero que utilizaban los magos de antes.  
Cuando este muchacho tenía aproximadamente 12 años tenía como mascota a un cuervo magnífico.
Desde que había leído el poema narrativo de Edgar Allan Poe: “El cuervo”; le llamó la atención esa ave majestuosa que era capaz de imitar la voz del ser humano, y hasta podría repetir algunas frases.
 Pasaron años, días, horas y el nunca pero nunca se cansaba de tenerlo, de compartir momentos felices de la vida, donde la persona lo único que quiere es demostrarle su felicidad hacia el otro, ese otro para este muchacho era su fiel cuervo.
Como existen momentos felices de la vida también existen los malos; el cuervo estaba en todo momento en donde él lo necesitara emocionalmente, el ave era considerado como el apoyo moral que necesita.
Cuando el era un pequeño niño sin prejuicios y sin un cuervo, el padre los abandonó a su madre y a él sin motivo ni explicación. La madre consoló a su hijo comprándole  una “mascota”. Y el niño con una mezcla de sentimientos, entre desconcierto por lo del padre y un poco de felicidad por el regalo, eligió a un espectacular cuervo.
Para el niño, ya convertido en todo un muchacho siempre la había fascinado esta ave, mas que nada porque le hacía acordar mucho al padre, no por que el padre tuviera aspecto de cuervo sino que lo interpreto como el “reemplazo de su padre”.  
A veces el ave le recitaba frases típicas que le decía el padre antes de irse a dormir, como:
-”Buenas noches pequeño travieso”- o -”no corras mucho porque vas a salir volando”-
El muchacho solía tomarse un tiempo para descansar la mente y ponerse a escribir, le gustaba escribir historias de fantasía relacionadas con cosas que le pasaron, por eso siempre trata de estar afuera o de viajar y conocer nuevos lugares para nuevas historias.  
Todas esas historias las escribía sentado sobre un cable como todo un equilibrista, justo con su fiel compañero sin nombre. El cuero de este muchacho no tenía nombre porque él pensaba que el nombre representa mucho a la persona, o en este caso a el cuervo, y que él no era capaz de imponerle un nombre fijo, ya que no estaría seguro de que si al ave le gustaría tal nombre.
Hubo una vez que este muchacho se fue de vacaciones de invierno a Bariloche y le dejó su cuervo a cargo de su madre.
El viaje consistió en subirse al avión, escuchar música todo el viaje, bajarse del avión, retirar sus valijas, tomar un taxi, llegar al hotel, dar todos los datos y subir a la habitación. Luego de todo eso, salió a conocer el lugar.
Al pasar unos días le llega una carta diciéndole que su padre había fallecido ese mismo día a la madrugada.
En cuanto lo leyó le pareció impactante y no supo cómo reaccionar y lo que hizo fue llamar a su madre y decirle que iba a volver, no le aclaró nada de lo sucedido porque decidió decírselo en persona para poder consolarla y estar ahí con ella para cualquier cosa que pase.
La vuelta consistió en subirse al avión, escuchar música todo el viaje, bajarse del avión, retirar las valijas, tomar un taxi y llegar a su casa.
Cuando llegó se encontró a su madre con lágrimas en los ojos, no entendía si se había alegrado mucho por haberlo visto o era de que ya se había enterado y él había llegado tarde para avisarle. Me acerqué, la saludé, le pregunté cómo estaba y que me contaba de lo que había pasado en los días que no estuve. la madre lo agarró y le dijo tengo una horrible noticia, el asustado espero a la respuesta de la madre; Ella le dijo que se había muerto el cuervo, luego de eso se callo y abrazó a su querido hijo tratando de consolarlo.
El muchacho conmovido por lo que ocurrió decidió callar y no decirle nada a la madre sobre el fallecimiento del padre.
Luego de haber pasado bastante tiempo este hombre decidió escribir un cuento relacionado con lo que vivió y con lo sorprendente que fue saber que su cuervo y su padre habían fallecido el mismo día a la misma hora.
Al cuento que había creado lo llamó “Parentesco” ya que, de cierta manera tendrían algún tipo de similitud, su muerte.

1 comentario:

  1. No lográs construir un encadenamiento de los hechos que conmueva: la coincidencia de las muertes es previsible muy pronto, hay datos innecesarios y las reacciones de los personajes son poco creíbles. Hacia el final del relato, en la mitad de un párrafo, hay un cambio incoherente de focalización que desconcierta y confunde.
    El relato contiene muchos errores de expresión, no está cuidado el discurso, esto distancia al lector de cualquier posibilidad de conmoverse con lo que sucede.
    Repensar qué recursos te ayudarían a dotar el relato de intencionalidad estética. El tiempo es lineal.
    Revisar construcción de oraciones, tiempos verbales, gerundios, puntuación y párrafo, ortografía, expresiones y vocabulario.
    Nota: 5

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