El fruto
Demasiadas eran ya las desventuras por las que transitaba mi corazón, como para poner mi cuerpo a prueba y terminar con los párpados enardecidos, cosa, que me dejaría arrodillado enfrente de las memorias de mi madre, que, siendo tan santas como lo son, me enseñaron que los ojos de un hombre nunca deben hablar si no es para comunicarse con el espíritu recién nacido de la propia madre, esposa o hijos, que ni siquiera la muerte propia es una excusa suficiente para dejarse caer frente a la vida y mostrar la mayor debilidad que puede haber en la existencia; por eso decidí posponer por un tiempo mis largos viajes con destinos inciertos y comenzar a frecuentar pequeños parajes y miradores para fomentar las ideas de mi arte, tal vez podría concentrarme más en los pequeños detalles, para divagar hasta poder mirarme y cuestionarme, para mí, eso, era el arte.
Aún recuerdo el día que viajando por escarpados me decidí a descansar en una posada, allí descubrí, a una mujer más que preciosa, de movimientos sutiles pero seguros, con delicados detalles pero de paso arrollador, su piel se extendía desde el más hermoso rostro hasta los caminos más largos que jamás había visto, esos que sostenían todo el peso de una flor, sin miedo del hombre, creo que por ser consciente de que ellos le temían a ella, nuestro cruce de miradas fue como poco eterno, y las charlas que vinieron luego, deleitantes; conocía todo sobre el arte de la música, como no saber de ella si su andar era como un canto lírico, ahí fue que descubrí que te amaba, también recuerdo, obligarme a no quererte, solo para marcharme y querer siempre volver a verte, pensé que mi viaje era un menester más urgente.
Llegué a mi destino, un pequeño descampado repleto de meacamas, no muy lejos de mi casa, me quedé sentado allí, dibujando hasta que el Sol llegó al hastío de mí quietud, y se retiró lentamente para no herir mis sentimientos. Tal como me dejó, lo dejé, cambiando mi quehacer de retratar puestas de sol a perseguir un pequeño gazapo, o tal vez un conejo de raza pequeña, si, debió de ser, por su solitario andar; anocheció y las luciérnagas empaparon la vista con sus intermitentes presencias, caminé entre ellas intentando no pisar ninguna que se encontrase entre el césped, me dejé llevar hasta que lo ví, un pequeño grupo de estas minúsculas voladoras estaba extasiado, prendiendose y apagandose constantemente como fuera de control, y en el medio una flor enorme (para ser una flor por lo menos), era de un largo tallo, y al llegar a los pétalos, se abrían ocho de estos creando una especie de nido esférico que encerraba dentro de sí los pistilos y el centro de la flor, era sorprendente, los movimientos generados por las luces que aparecían y se iban hacían parecen a la flor un enorme átomo, con sus electrones saltando de un subnivel a otro, no pude resistir más así que hundí mi navaja en la tierra, saqué la planta del suelo y la acarreé conmigo para investigarla.
A la mañana siguiente la trasplanté en la parte trasera de la casa, ahí pude observarla mejor, ví que los ocho pétalos que rodeaban el centro de la flor, eran amarillos en la parte de fuera y blancos por dentro, dejando un espacio dentro, como si los pétalos protegieran con tal amor el corazón de la flor, que lo rodean pero sin tocarlo; se podía ver hacia dentro de esta, tenía un pistilo muy oscuro, incluso llegando al azabache, y alrededor de este, muchos filamentos variados colores, con anteras que parecían portar cristales en ellas, los cuales refractaban la poca luz que los pétalos permitían entrar, convirtiendo así, el interior de la flor, en una cúpula toda iluminada. Tomé unos cuantos libros de especímenes herbarios que conseguí en su momento cuando estaba comenzando a tener el jardín, a los minutos la encontré, la hacían llamar: “venenineca animatra”; proviene de un idioma antiguo, y significa algo como “veneno para tu alma” o “envenenadora de almas”, aparte de eso, había un pequeño relato mitológico sobre el porqué del nombre, algo sobre un gran hombre que terminaba transgrediendo todo mandato de los dioses, o algo parecido, sinceramente la religión nunca fue mi fuerte.
Volví a ver a la nueva inquilina, no entendía donde estaba su veneno, no se parecía en nada a una planta venenosa, así que decidí investigar; puse comida para pájaros, al igual que cada tanto suelo hacer, solo que esta vez agregué pedazos de distintas partes de la “venenineca”, esperé, y unos pájaros se fueron acercando, todo iba normal, hasta que uno de ellos ingirió la tercer muestra, la de los cristales, comenzó a moverse de forma extraña, luego emprendió el vuelo, haciendo círculos en el aire, cuando de repente, fue directo hacia arriba, voló alto, más y aún más después, lo seguí con la mirada, pero en un momento quedó justo en el punto entre mis ojos y el Sol, ahí deje de mirar, me froté los ojos y volví la vista, cuando lo hice, me quedé atónito, el pájaro que hace segundos ascendía ahora iba en caída libre, descendía y descendía a toda velocidad, peso muerto, era clara su trayectoria hacia el suelo de mi jardín, estaba paralizado y no reaccioné para intentar atraparlo, así que solo observé, como, unos instantes antes de romper su cuerpo contra la tierra, aleteó y pasó a toda velocidad sobre la hierba para luego irse volando más allá de mi vista.
A la mañana siguiente desperté tempranísimo, había decidido irme a descansar antes de lo normal para aprovechar el venidero día, pase por el pueblo cercano a conseguir elementos que necesitaba para continuar con la investigación, dí comida a un pobre que siempre está en el camino y hable con una anciana a cerca de mi última adquisición, me dijo que a ella nunca le habían llamado la atención a lo largo de su vida, pero que eran una maleza, donde sea que cae un trozo de esta, crecen más. Ya habiendo llegado, fui al jardín, pero a uno más frondoso que el que había dejado antes de irme, este, tenía seis plantas, siendo que cinco crecían donde estaban los cinco distintos alimentos para pájaros, y la sexta era la madre que estaba donde siempre, pero no le dí importancia, tomé la que primero había traído y la diseccioné toda. Obtuve varios derivados, un líquido, que no era más que una solución de agua y los cristales disueltos en ella, un polvo que es fruto de la solución reconvertida en cristal para obtener unos más puros y luego molida, por último realicé una sublimación para obtener unas pocas muestras de un gas hecho puramente del cristal. Moría por probarlo, no lo se, tal vez era por lo extravagante o por ver las extraordinarias reacciones de los seres vivos que observé bajo sus efectos, pero no podía, vaya a saber uno, si luego ese pájaro murió en agonía tan solo a las horas, así que realicé una visita nocturna al pueblo para que nadie me viera y le dí la cena al callejero del camino, pero adulterada con el polvo que refiné, me alejé unos cuantos metros y observé, comenzó a comer, y antes de terminar la comida, el hombre se desgarró la camisa y comenzó a hablar al cielo, rompió en llanto y simplemente se quedó mirando sus propias manos con tremenda admiración, ya había tenido suficiente, volví a descansar a mi morada. Pensé que claramente ese hombre estaba expiando sus pecados, por ser creyente, y un experto pecador seguro también, fue eso lo que se le reveló, pero resolví que seguro que dependiendo de quien lo vivencia, lo que se termina revelando o no, estaba seguro que era eso, sufren una revelación, ya quería intentarlo, pero debía esperar a mañana, debía saber que sobreviviría.
No dormí, y temprano en la mañana ya estaba corriendo hacia el pueblo, cuando al abrir la puerta veo, al ahora sin camisa, pobre del pueblo, me miraba ansioso con su sombrero polvoriento bien apretado entre las manos, creo que mi mirada delató mí pensamiento, de que no solo creí que estaría muerto, sino también debía estar furioso por haberlo intoxicado, claramente estaba esperando la apertura de mi puerta para darme mi merecido, pero me hice el samaritano, y pregunté por el motivo que lo traía a estar ahí parado en mi puerta, y sin entender muy bien lo que le dije, se humedeció la boca y me preguntó si tenía en mi poder más de la comida de dios, le dije que ese era el último plato y que lo había compartido con él porque sabía que sino nunca estaría a su alcance degustar tan deliciosa comida, instantánea fue su triste mueca, volvió a humedecerse la boca, me agradeció y se fue caminando con la mirada hacia el suelo, como melancólico, pero no importaba ese sucio pobre, ya no más, era mi momento para sentir la revelación.
Inhale el gas que había preparado a lo último, pensando que sería lo que más directamente impactaría en mi organismo, comencé a sentir en mis dedos un escalofrío, como sintiendo que algo implacable venía directo hacia mí, sin darme cuenta deje de sentir la gravedad, ya no me sentía impulsado hacia el suelo, ahora era solo como flotar, las cosas se movían de a poco más lentas y todo lo que veía iba dejando tras de sí una estela, como si varias sombras a color persiguieran a una figura original más fuerte, comencé a escuchar un leve pitido que gradualmente iba aumentando, los colores cada vez más fuertes, siendo que se iban acercando al blanco cada vez más, me sentía muy fuera de mí, no era completamente capaz de entender qué era lo que estaba sucediendo, estaba vibrando literalmente, sentía como temblaba sin parar, producto del inmenso cosquilleo que ya se había conducido a todo mi cuerpo, el pitido se volvió casi ensordecedor, al borde de ver todo blanco, el cosquilleo imparable, y todo aumentaba más y más hasta que lo sentí, una explosión de sentimientos, todo lo que se puede sentir al mismo tiempo, era como ser parte de una de las ondas que la música produce yendo y viniendo como el mar, pero con aún más poder, con un poder como el del sol, el blanco y el agudo sonido constante desaparecieron, dejándome solo el cosquilleo y el “delay” en todo lo que veía, fue como descubrir la más oculta linea de bajo en la más hermosa canción, este nuevo poder corría como una bala a través de mis venas, dándome el saber, que hacía que todo se viera tan claro, y también la fuerza, mis músculos estaban enfurecidos, llenos de adrenalina, la casa entera tembló, y el suelo se sacudió como una alfombra al agitarla para desempolvarla, caí boca arriba y quedé mirando al techo, del que hombres comenzaron a salir como si mi techo fuera su mundo, comenzaron a caminar por él, seguros de a dónde se dirigían, pararon, se quedaron quietos y me miraron, ahora se unían entre sí como formando un único hombre gigante de barro hasta que puso su cara justo delante de la mía, yo seguía acostado, sin saber si realmente podía ponerme de pie con semejante criatura frente a mí, el hombre de barro extendió su mano y la colocó suavemente sobre mi pecho, pareció asustarse y comenzó a gritar como sumergido en el más feroz llanto, hasta explotar en pedazos que volaron como esquirlas hacia todas partes destruyendo todas las ventanas, los pedazos comenzaron a flotar y yo a incorporarme, tomaron rumbo, ahora volaban hacia el mismo lugar, enfrente de mí, detrás, la puerta que daba al jardín, era él de nuevo, el hombre de barro, terminó de completarse y comenzó a correr directamente hacia mí, morí del espanto, caminé hacia atrás para escapar, pero en un parpadeo el hombre desapareció y ahora mi problema era que estaba cayendo de espaldas hacia la puerta del jardín, porque la gravedad ahora no solo no me atraía, sino que ahora lo hacía hacia el patio, atiné a quedar colgado del marco de la puerta, pero finalmente la gravedad volvió, y caí.
Desvanecí unos instantes por el golpe y desperté, me sentía normal ahora, excepto por una extraña sensación, juraría que tenía unos ojos clavados en la nuca,
voltee a ver, y estaban ahí decenas de ojos mirándome fijo, eran las flores venenosas que yo mismo había dejado crecer, me relajé, entendí que era todo producto de lo que había consumido, aunque no dejaban de generarme malestar esos ojos amarillentos, de irises brillantes y en movimiento, me dí vuelta para no verlas más, el dilema era que ahora estaba rodeado, no sé ¿cómo el jardín se encontraba repleto de estos ojos que permanecían fijos en mí?, estaban por doquier, no sabía dónde esconderme y cerré mis párpados, al fin paz, ahora éramos solo yo y… estaba escuchando música, de nuevo ¿como?, solo me puse a escuchar, era una melodía hermosa, que sentía que me movía de un lado a otro, me recosté y deje que me llevara junto con las luces destellantes que veía dentro de la oscuridad de mis ojos.
Así seguí alucinando durante varias horas, y también durante los siguientes dos días, hasta que conseguí dejar de consumir, no pude evitarlo, era una fuente eterna de inspiración, qué mejor idea para explayar en un lienzo, un texto, una escultura, una canción o cualquier tipo de manifestación, que la realidad de lo que acababa de vivir, ¿cuantos en todo el universo podrian decir, sin mentir, que habían vivido algo como eso?, incluso, me detuve porque sino iba a quedarme sin suministros, debía esperar a que crecieran más, de todos modos no era mucho tiempo el que debía esperar, y esta vez, me había encargado de poner muchos fragmentos de la flor para tener una inagotable reserva.
Metí mi cuerpo debajo del agua para aliviar la ansiedad de la espera, permanecí debajo de esta un largo tiempo, cuando salí, dejé que mi cuerpo se secara solo, y escuché un ruido en el jardín, corrí inmediatamente hasta el lugar, era el paupérrimo y sucio hombre que use como prueba, intentando arrancar de la tierra uno de mis hermosos frutos de dios, tuve que golpearlo, ¿qué más podía hacer?, se levantó del suelo y me lanzó con las dos manos contra la puerta del jardín, se estaba por abalanzar sobre mí cuando estire la pierna y patee su cara de frente, haciéndolo caer en el lugar, quise ir hacia unas piedras, pero el tiro de mi pierna y caí también, seguramente pensó que me dirigía a la flor, porque yendo en la misma dirección en la que yo iba, se detuvo en ella y la arrancó de cuajo, ya no estaba la conciencia en mi cuerpo, salté a su cuello, lo mordí con todas mis fuerzas y caí sobre él, soltó la flor, pero comenzó a vapulear mi cara con su puño derecho, lo solté y salí de encima suyo, quien, con la mano izquierda en el costado izquierdo de su cuello, caminaba tambaleante hacia mi más preciado tesoro, entendí que luchar por la flor contra él, no era una solución, debía terminar con el problema de raíz, corrí hasta la piedra más cercana que ví, tropecé, no podía ver bien luego de los golpes, que, en parte, me habían molido el ojo, pero llegué a alcanzarla, me alcé rápidamente como un joven tallo, apunté, y lancé la roca, que impactó en la cabeza del hombre que intentaba escabullirse con mi alma, cayó contra una pared de la casa, me acerque y le arrebate la flor, arranqué los pétalos con todo lo que contenían dentro usando mis dientes, justo frente a sus ojos, patee sus costillas reiteradas veces y él escupió sangre en mis desgarradas ropas, lo arrastré hasta la reja que rodeaba la casa y tomé una larga vara de hierro puntiaguda, una que solía usar cuando alguna planta crecía torcida, tomé su brazo y lo pasé del otro lado de la reja, una sola estocada me alcanzó para atravesar su hombro, pasar por entre los agujeros de la reja y atravesar su mano, lo necesitaba quieto, disfruté los graves y llenos de sangre gritos del alma más oscura que había visto nunca, cómo se va a atrever a robarme a mí, busqué el aceite dentro de la cocina y volví, me sorprendió que me implorara que lo dejara ir mientras lo rociaba en aceite, se ve que no es tan pobre de dinero como de ideas, para pensar que existe posibilidad de sobrevivir con sus heridas, una cerilla terminó el trabajo y yo volví dentro para poder descansar con la música de fondo que la vida me había brindado, pero no pude llegar ni a una silla, que sentí como alguien llamaba a la puerta con insistencia, no tendría sentido tardar en atender el llamado, los gritos se escuchaban hasta fuera de la casa, tomé un cuchillo y fui preparado para el segundo round, pero lo único que herí con su filo fue el suelo, porque detrás de la puerta estaba ella, esa hermosa mujer, cautivadora de mi alma, que conocí en mis viajes, ¿como podía ser que hubiera llegado hasta aquí sola?, me miró sonriente e hizo llegar la más dulce voz a mis tímpanos, “no sofoques tu respiración, conozco todos tus pecados, vine a terminar con tu dolor, porque como tu, yo hoy también asesinare, asesinare tu soledad, y a cambio, esta vez, te consumire yo a tí”, se paró en el umbral y me besó, luego sin pedir permiso se metió en mi habitación, la seguí y me deje maravillar por sus movimientos, se quitó la única prenda que traía encima y se recostó sobre la cama con los brazos abiertos, luego los deslizó hasta entrelazar sus manos sobre su cabeza, sus senos descansaban recostados sobre su pecho, no podía creer que la estaba viendo, lamí su piel desde los pies, pasando por sus piernas, su vientre, sus pechos y su cuello hasta llegar a su boca, sus labios eran la carne más blanda que jamás había tocado, y su lengua, me saboreaba, sentía como disfrutaba el sabor de mi lastimada piel, finalmente nuestros labios permanecieron pegados, sin movimiento, y desvanecí.
Desperté solo, solo y con única compañía de un cadáver y montones de nuevas flores que como los ángeles que son, vinieron para no dejarme solo, grité hasta que se me desgarro la voz, y lloré todo lo que no había llorado desde que era niño cuando me dí cuenta de lo que había pasado, ella no me busco, igual que nadie me buscaría si no estuviera más. No, fue real, igual que mis sueños y mis recuerdos lo son, debía buscarla igual que ella lo hizo conmigo, así que primero comencé a ingerir todos los cristales de las del jardín, luego tomé media botella de estos diluidos, y por último perecí mi muerte inhalando su gas, nunca más la ví, y sin embargo por ella morí, tendría que haberlo visto venir, no habiendo hace tiempo recompensas para mí.
Por: Iván Agustín, H. Caram.
La idea disparadora es interesante e ingeniosa. Por momentos se explica demasiado y se pierde el tono narrativo. El relato excede ampliamente la cantidad de caracteres fijados en la consigna; además, contiene muchos errores de expresión, las oraciones son muy extensas y están muy mal puntuadas, todo esto desluce la historia y distancia al lector de la posibilidad de conmoverse con lo que sucede, con una idea que tiene mucho para lograrlo. |
ResponderEliminarBien construidos el extrañamiento, el artificio y, en general, el verosímil (no está logrado en algunos pasajes), pero el tiempo es prácticamente lineal, ya que el pasado irrumpe una sola vez.
Desconcierta el cambio de focalización del narrador cuando dice: “… como no saber de ella si su andar era como un canto lírico, ahí fue que descubrí que te amaba, también recuerdo, obligarme a no quererte, solo para marcharme y querer siempre volver a verte…”.
Rever construcción de oraciones, tiempos verbales, gerundios, preposiciones, pronombres, puntuación, ortografía, vocabulario (“escarpado” es un adjetivo, no un sustantivo; “perecí mi muerte”).
Nota: 7+