"Camino a vivir"
18:38, anochecía un día más en la ciudad más lejana del
centro de la Tierra con a penas doscientos habitantes. Allí se encontraba Eudora, la anciana más infeliz ya que
su cuerpo no le respondía como ella quería y no tenía ayuda de ningún otro ser
en la ciudad. Sus únicos dos nietos, Jacinto y Milo, eran quienes podían ayudar
a su abuela a convertir su vida en un poco más alegre.
Eudora, con sus noventa y nueve años fue en busca de Jacinto, el más
grande de los dos y con una gran sabiduría para pedirle un gran favor: ayudar a
su abuela a poder alcanzar a la flor más alta de la ciudad, encontrada en el
punto más alto de la torre. Jacinto realmente impresionado porque nunca se
hubiese imaginado el interés que tenía su abuela por volver a recuperar su
vida, le dijo que sí, pero que había un pequeño inconveniente. Para poder
alcanzar la flor, se deben cumplir tres reglas en la vida de cada persona: la
primera regla, es algo muy básico, algo que lo hacen todas las mamás y abuelas
en este mundo, es “Cuidar de sus hijos o nietos más que a ellas”...
Por suerte ella estaba segura de que esa regla estaba más
que cumplida, siempre repartió el amor que sus nietos necesitaban. La segunda
regla consistía en “Haber ayudado a alguna persona con menos capacidades que
las tuyas”, y Eudora había ayudado a su marido, que aunque él ya no estaba hace
veinte años, ella le donó toda la sangre que pudo. La última regla era la que
le iba a traer varios problemas a Eudora: “Por lo menos una vez en tu infancia
tuviste que haber regado la flor más alta de la ciudad”. Claramente ella y
Jacinto sabían que no había ocurrido por lo tanto su ilusión de vida se estaba
destrozando cada día más.
Cuatro días después, luego de que
la angustia se le pasara por lo menos un poco, llega a su pequeño hogar Milo, su pequeño nieto diciéndole que quería hablar
con ella. Llegó para decirle que no abandone sus sueños, que por lo menos
intente lo que ella más quiere que es vivir, y se despida de este mundo luchando
por ella. Las palabras de aliento la motivaron a intentarlo, iba a subir la
gran torre para regar la gran flor.
Llegó el día, Jacinto y Milo
esperarán a su abuela abajo, y ella subirá los cientos de escalones sola con la
regadera en su mano. La despidieron y ella emprendió su camino hasta la cima…
Todo iba espectacular, estaba tan
alegre y motivada que cantaba sus canciones preferidas y recordaba los mejores
momentos de su vida durante los primeros cuatrocientos escalones. Cuando llega
al escalón quinientos, sabiendo que le quedaba la mitad, decidió sentarse en
uno de ellos a descansar porque sus pulmones y su cuerpo necesitaba un respiro.
Estuvo más de una hora ahí sentada porque no encontraba fuerzas para seguir su camino pero pudo continuarlo,
con la cabeza cabizbaja porque creía que todo este esfuerzo no iba a servir de
nada. Mientras tanto sus nietos preocupados porque su abuela estaba tardando
mucho.
Al fin llegó, regó la flor y se
quedó más de diez minutos mirándola pero no emitía ningún movimiento. Decidió
bajar para contarle a Milo que lo pudo hacer, que él y Jacinto fueron la razón por
la cual ella vive y que pase lo que pase ella estaba feliz por haber cumplido
con una meta.
Y así fue, que su querida abuela
Eudora se fue a dormir y nunca jamás despertó.
Planteás una idea sencilla y clara, que no llega conmover como podría: los errores en la expresión, la resolución fácil de los hechos, la casi ingenua transformación de la realidad narrada (abuela de 99 años que sube a la torre y baja de ella como si nada) al no estar acompañada por el uso de otros recursos propios del discurso literario, entre otros aspectos, dejan insatisfecho al lector. Además el tiempo del relato es lineal.
ResponderEliminarRepensar qué recursos te ayudarían a dotar el relato de intencionalidad estética.
Rever tiempos verbales, preposiciones, gerundios, concordancia, puntuación, ortografía, vocabulario (redundancia: “cabeza cabizbaja”; “no emitía ningún movimiento”).
El modo de leer impuesto por cómo se ha editado el texto molesta y distrae.
Nota: 6