miércoles, 31 de octubre de 2018

Mujer valiente- Bruno Raiponeri












MUJER VALIENTE

 Perdida. Lleva consigo un montón de muertos. Tanto humanos como unos indefensos animales fueron víctima de su furia y desamparo. Se encuentra en el medio de la mismísima nada. Ella camina sin saber cuál es su destino, ni a dónde llegará. Su supervivencia depende de sus cruces con animales y ríos para matar la sequedad. Se dirige enfurecida y por sobre todo, solitaria.  Ella misma sabe que no le quedan muchos años. Aunque no se la nota preocupada por ello. No le teme a la muerte. De hecho, es lo que desea hace rato, pero a la vez se niega al suicidio ya que realizar esta acción le quitaría la imagen de mujer valiente y aguerrida que siempre dejó. De pelo lacio y brilloso de color castaño, de ojos verdosos únicos y bellísimos, con una boca envidiable y un cuerpo que atrae todas las miradas. Tiene una belleza admirable. Ahora se encontraba descalza y llena de ampollas, en su cara predominaban los raspones y moretones. Sus piernas tenían un sinnúmero de raspones. Su cara se encontraba pálida, y su cuerpo iba agarrando cada vez más debilidad a medida que avanzaba sobre sus pasos. Pero a pesar de todo ella nunca perdió la belleza y la valentía. ¿Pero qué puede haber ocurrido para que en pleno siglo IX, una mujer con esa belleza termine en la miseria?

  Elizabeth fue el nombre elegido por sus padres. Sus padres eran nobles de clase alta. Desde muy chica ya se llevaba todas las miradas por su increíble belleza. Su llegada al mundo tuvo mucha repercusión en el pueblo en el que vivían, ya que el hecho de ser hija de dos personas bastante importantes de la zona la hacía conocida entre ellos, pero también era muy conocida por su encanto. Los años pasaron, Elizabeth creció y maduró.

  Ya cumplidos sus catorce años, ella se encontraba incluso más espléndida que antes. Eli (cómo le decía su padre) en este tiempo adquirió un carácter bastante particular y no habitual de una mujer de padres nobles y con lindura impresionante. En el pueblo ya no se hablaba solo de ella por su belleza, sino que se comentaba de sus extrañas actitudes. Sus padres ya la daban cómo un caso perdido. Elizabeth no se sentía parte de ese mundo. Es decir que no compartía para nada todas las costumbres de la gente que la rodeaba. No soportaba para nada el hecho de por ser mujer, sentirse inferior a los hombres. Ella sola luchaba por hacer cosas que solo los hombres podían hacer, pero nadie, absolutamente nadie, la seguía. De hecho, a los once años Elizabeth se escondió y participó en una pequeña guerra de pueblos. Sus padres al ver sus heridas, la dejaron encerrada por varias semanas. No tenía ningún amigo. Es que las demás chicas la detestaban. Decían que ¿cómo semejante mujer de padres importantes y con una belleza inexplicable podía comportarse de esa forma? Nunca tuvo actitudes propias de una princesa. Le gustaba andar descalza, sin vestido, pelearse, comer ordinariamente, no higienizarse seguido, y entre otras actitudes que mayoritariamente poseían los hombres.

 Cuando tenía casi catorce, su padre le asignó y le presentó a un hombre con el que debía casarse. Ese pobre hombre fue víctima de la lucha de Elizabeth contra el sistema en el que vivía, y apareció muerto al día siguiente. Lo mismo sucedió dos meses después, cuando sus padres le presentaron un lindo y buen muchacho, pero ella solo para hacerse sentir y por estar en contra de la imposibilidad de elegir, actuó de la misma manera de la que hizo con el anterior hombre. La única y gran diferencia, que ella no sabía, era que ese muchacho era el hijo del rey de la ciudad más poderosa que se encontraba cerca de su pueblo. La noticia fue corriendo de a poco, y se fue expandiendo como una plaga. Unas semanas después la noticia le llegó a los reyes de la gran ciudad. Un mensajero les dijo que su hijo estaba muerto, y que su muerte había sido causada por el rey de un pueblo cercano. Claro, la noticia de que la hija lo había matado había durado poco, ya que nadie creía como una joven y bella mujer podía ser capaz de hacer semejante cosa. La cuestión fue que, las ciudades entraron en plena guerra. No duró más de un día en tener vencedor. Los militares de la gran ciudad invadieron el pueblo destruyendo y matando todo lo que se les cruzaba. No quedó nada ni nadie. El rey, la reina, los campesinos... Bueno no todos corrieron con la misma suerte. Elizabeth anticipó que esto podía pasar, y por más valiente que sea una persona, en esa guerra no se iba a salvar nadie del pueblo. Entonces, muy astuta, se llevó un poco de comida, agua y emprendió viaje. Ella no sabía hacia donde se dirigía, pero estaba orgullosa. Es que, por más que algo de dolor sentía por su familia y su pueblo, sentía mucha satisfacción, ya que sentía que demostró el poder que puede tener una mujer, al provocar semejante guerra. Ella, solitariamente, siempre luchó por sus derechos, y sintió que al fin pudo demostrar lo que una mujer es capaz. Por eso, caminando aislada del mundo, no le teme a la muerte, porque ya cumplió con su deber, el de hacerse ver no solo por su belleza sino por su valentía y personalidad.    

1 comentario:

  1. Falta imagen disparadora.
    Planteás una idea sencilla y clara; sin embargo, los hechos suceden y se resuelven con una facilidad que resulta ingenua y previsible.
    No das con el tono narrativo adecuado y predomina el decir. Por esto, no logra conmover ni involucrar afectivamente al lector. La transformación de la realidad narrada no resulta creíble. Aún queda pendiente comprender y poner en uso el discurso literario. El tiempo es lineal.
    Rever tiempos verbales, gerundios, preposiciones, pronombres, ortografía, puntuación y párrafos, vocabulario (repeticiones).
    Nota: 6

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